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El Salvador avanzó en combate contra flagelo de la violencia

Por Charly Morales Valido

Los índices de violencia y criminalidad disminuyeron en El Salvador durante 2017 gracias al combate integral del problema, liderado por el gobernante Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

Sin descuidar el enfoque preventivo, las fuerzas conjuntas de la Policía Nacional Civil, el Ministerio de Justicia y las tropas elites del Ejército asestan sucesivos golpes a las maras (pandillas).

Además, las autoridades le cortan los privilegios a los cabecillas de las principales maras del país (la Salvatrucha y la 18, con sus variantes), al aislarlos en cárceles de máxima seguridad, más modernas y seguras.

Según el más reciente informe del Gabinete de Seguridad, los homicidios disminuyeron en un 27 por ciento, y en un tercio el delito de extorsión, el robo de vehículos y los secuestros.

Buena parte de los homicidios obedecen a pleitos territoriales entre los mareros, aunque a finales de año aumentó el abandono de cadáveres en bolsas o “ensabanados”, como parte de una conocida estrategia del terror.

“El crimen organizado intentó someter al país con más violencia, pero el trabajo de inteligencia y operativo frenó dicha tendencia”, aseguró el ministro de Seguridad Pública, Mauricio Ramírez Landaverde.

Los datos muestran además un alza en las capturas, no solo tras reportes puntuales, si no por órdenes de arresto resultantes de pesquisas policiales.

También aumentó el decomiso de armas y contrabandos, así como la incautación de casi siete mil kilogramos de drogas, valoradas en 158 millones de dólares que ya no ingresarán los narcos locales.

Las Fuerzas Armadas destinaron sus comandos Vulcano y Zeus a vigilar la capital y territorios priorizados por el Plan El Salvador Seguro (PESS), y las unidades Tridente y Cuscatlán a combatir el narcotráfico.

Entre los principales operativos desplegados en 2017 destacó la Operación Tecana, que desarticuló una red dedicada a lavar el dinero y sanear las finanzas de las maras en el occidente del país.A su vez, con la reciente captura de José Arturo González fueron puestos fuera de circulación los 100 criminales más buscados del país, 82 arrestados y el resto abatidos en distintas circunstancias.

La prevención es un eje fundamental de la solución integral al problema de la violencia, y en ella fue determinante el PESS, financiado por un impuesto especial a las telecomunicaciones.Dicha iniciativa se enfoca en la creación de alternativas de convivencia ciudadana y recuperar espacios públicos secuestrados por las pandillas, y ya alcanza los 50 municipios.

Así, unos 20 mil niños y jóvenes que eran carne de pandilla retornaron al sistema educativo mediante modalidades flexibles, y más de 200 mil personas participan en actividades dirigidas a la convivencia comunitaria. Por otro lado, la inversión en infraestructura penitenciaria redujo el hacinamiento y elevó la seguridad en las prisiones, donde unos 22 mil presos se integraron al programa Yo Cambio para reinsertarse en la sociedad.

El panorama no es, ni remotamente, idílico: las maras recurren al terror para forzar el levantamiento de unas medidas extraordinarias que debilitan a las pandillas, y por ende, las hacen más peligrosas.

Por último, la cercanía de los comicios legislativos y municipales hace de la seguridad un tema electoral: el gobierno defenderá sus logros, y la oposición amplificará la tragedia y negará los avances. La violencia es un problema cuya solución requiere tiempo y compromiso, pero al sector más reaccionario de la sociedad le interesa vender una imagen de Estado fallido, para sacarle rédito económico y electoral.

Pero además, la violencia es un buen negocio para los dueños de servicios de seguridad y protección, y para quienes ven el asunto desde la distancia y la indolencia, sacándole el jugo al terrible sambenito que carga este país.

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