Juan Bosch, Paradigma de un Rebelde Indomable

Por Daniel Cruz

Por sus virtudes intelectuales, que motivaron plantara hitos en diferentes áreas del saber, por su condición de patriota a carta cabal y su espíritu internacionalista, Juan Bosch desbordó el lar nativo. En ese sentido no es un patrimonio de su familia. Tampoco de los peledeístas ni del Partido de la Liberación Dominicana, organización que calificara de su obra maestra. Vamos más lejos: Juan Bosch no es propiedad exclusiva de los dominicanos.

De entrada dejamos sentado este criterio porque de esta realidad se desprenden varias consecuencias, algunas muy políticas. Juan Bosch es un patrimonio de la humanidad porque su dimensión es universal y su obra es aprovechable por todo el que esté en disposición, independientemente de donde se halle, de luchar contra las injusticias y en favor de su pueblo. Y en esa calidad está al alcance de todo el que quiera servirse de manera útil de su obra intelectual y su obra política.

Realmente Juan Bosch es un fenómeno, y lo decimos pensando en la acepción del término aplicada a algo ‘extraordinario’, ‘sorprendente’, como lo refiere el Diccionario de la Real Academia en su segunda acepción. Y en esa condición, suscribimos el criterio del escritor Virgilio Díaz Grullón, quien lo definió como un “hombre multitud”, porque era un historiador acabado, un economista consumado, un político en el sentido del militante, pero también en el de líder, en el de estadista en su calidad de entendido en las cosas del Estado; un sociólogo con el conocimiento suficiente para atreverse a plantear una estratificación social de la sociedad dominicana aún vigente; pero también fue un escritor que dominó varios géneros literarios, como el cuento y la novela, la biografía. Entonces, tenía razón Díaz Grullón: Juan Bosch era una multitud.

Pues bien, esa característica virtuosa de Juan Bosch ha facilitado que con frecuencia se le desnaturalice. ¿Por qué? Porque en ocasiones se toma una de esas condiciones y se la destaca en detrimento de las demás, y sobre todo de la que asumió con mayor entrega, mayor vehemencia: la de político.

Es así como vemos que algunas personas prefieren y destacan al Juan Bosch cuentista, con la intención de que aquí asumen a un “Juan Bosch light”, “suave”, “inofensivo”. Esas personas te hablan de los cuentos de Juan Bosch, de su sensibilidad estética, de su maestría en el uso del lenguaje, de su habilidad para crear una historia y dibujar unos caracteres de manera que parece que los personajes de sus cuentos y novelas si no son vecinos nuestros por lo menos son conocidos. Todo eso es cierto, pero es una verdad a media porque los cuentos de Juan Bosch son expresión de la rebeldía del dominicano Juan Bosch. Y en esa condición son tan políticos como cualquiera de sus ensayos más políticos.

Esta afirmación podría parecer una osadía de nuestra parte, pues podría alegarse que ni siquiera el propio Juan Bosch dijo tal cosa. Durante muchos años también yo opinaba de ese modo; pero lo cierto es que el propio Bosch expresó esa “tal cosa”. La dijo en una entrevista que le hizo el periodista cubano Orlando Castellanos para el programa “Formalmente Informal”, de Radio Habana, Cuba, el 20 de enero de 1984 publicada en Bosch, Cuba y Fidel. Entrevistas, discursos y escritos 1975-1988, página 65. En respuesta a una pregunta del comunicador don Juan dijo: “Pero el caso es que yo me doy cuenta por qué razón quedó sustituido el narrador por otras cosas y era que en realidad en los cuentos yo expresaba siempre una posición política”.

Siempre habíamos escuchado y leído que sus cuentos eran expresiones de su sensibilidad social. Eso lo dijo muchas veces, de igual modo que afirmó en varias ocasiones que escribía cuentos porque era el medio que puso a su disposición el país en que le tocó vivir en la juventud, para expresar su identificación con el campesino dominicano, para destacar sus virtudes y denunciar de alguna manera la penosa situación en que vivía. Al llegar a este punto, vemos que no se trata de una mera denuncia social. Ya no es que Cristino vive en la miseria y que don Pío es insensible, como se ve en el cuento “Los amos”, sino que Cristino representa a todos los campesinos y don Pío a todos los terratenientes que los explotan. Y ese es un asunto frecuente en los cuentos de Juan Bosch. Lo vemos en “Camino real”, en “El socio”, “La nochebuena de Encarnación Mendoza”, “La mujer”. En otros el conflicto no se da entre personas sino entre personas y la naturaleza, como en los cuentos “Dos pesos de agua” y “El enemigo”. Pero ya sea entre personas o entre personas y la naturaleza, el autor, Juan Bosch, toma partido por el oprimido.

Y en esa denuncia social no puede verse otra cosa que no sea la manifestación de una posición política que se venía cuajando en su ser. Por eso precisamente me parece que están equivocados los que piensan que el Juan Bosch cuentista es un “Juan Bosch light”, “suave,

“inofensivo”. ¡No! Es el Juan Bosch rebelde que veremos siempre. Ahí tenemos un Juan Bosch que se sale del molde imperante en la literatura en los inicio del siglo XX en nuestro país, cuando se hacía una literatura intimista, hasta cierto punto evasiva. También lo dijo, y así quedó asentado por ahí, que siempre se resistió a hacer una literatura en que se hablara de las mujeres de sociedad, de las muchachas de salón.

Es cierto, en sus cuentos y novelas no traza un camino; pero en cada una de esas obras dice que algo no está bien, que aquí hay un problema. Y si se insinúa que hay un problema, es lógico pues que se piense en una solución.

Por eso, precisamente, podemos decir —como lo dejó sentado en la entrevista citada— que cuando Bosch se dedica a la política está haciendo en ese terreno lo que venía haciendo en la literatura. De ahí a la desaparición del Bosch cuentista, novelista, autor de obras de ficción era un asunto de tiempo. Él mismo lo dice en la mencionada entrevista. Tras reconocer como cierto lo que otro periodista cubano decía de sus libros [se refiere al periodista Luis Suardíaz Rivero (1936-2005)], en el sentido de que en ellos había, en los mencionados libros, “una militancia contra la injusticia, contra la miseria del campesino, contra la explotación del campesino… Por eso cuando me dediqué a la lucha política —reconoce Bosch— ya estaba en realidad haciendo en el terreno político lo que antes había hecho en el terreno literario”.

Desde 1939, cuando participa en Cuba en la fundación del Partido Revolucionario Dominicano, hasta su llegada al país, el 20 de octubre de 1961, después del ajusticiamiento del dictador Rafael Leonidas Trujillo, o sea durante unos 20 años, convivirían el Juan Bosch literato y el Juan Bosch político. La literatura era la base de su sustento. Sin embargo, a partir de 1955 se hace evidente que el Bosch político empieza a imponerse al literato. En ese aspecto el año 1955 fue muy productivo, pues en él redacta Póker de Espanto en el Caribe, que será publicado por vez primera en 1988 en nuestro país; publica en ese año Cuba, la Isla Fascinante y Judas Iscariote, el calumniado. El año siguiente, 1956, publica David, biografía de un rey; en 1959, Trujillo: Causa de Una tiranía sin ejemplo. En 1960 publica Apuntes para una historia costarricense. A partir de este último año el Bosch político se impondrá al Bosch literato.

(Abro este paréntesis para adelantarme a aquellos que podrían animarse a quitarle mérito a lo que acabo de afirmar con el alegato de que Bosch publicó en 1964 la novela El oro y la paz. Es verdad que esa novela fue publicada en ese año pero había sido concebida y trabajada algunos años antes en Cuba. Así lo dice el propio Bosch en entrevista que le hizo Luis Eduardo Lora, publicada en el periódico El Día el 6 de agosto de 1981 y reproducida en el tomo XXXIX de Obras completas de Juan Bosch, editada por la Comisión Permanente de Efemérides Patrias en 2012. Para más precisión, en la página 241 de ese volumen de Obras completas, en la entrevista “De la República Dominicana a Bolivia: La mañosa y El oro y la paz”, conservada en sus archivos, sin fecha ni referencia de los entrevistadores, Bosch dice que escribió esa novela en 1957 y la retocó en Puerto Rico en 1964, durante el exilio que vivió en ese país después del  golpe de Estado que le dieron en septiembre de 1963).

Del espíritu rebelde de Juan Bosch no solo habla su literatura. Hay dos hechos que lo testimonian: su salida del país a un futuro incierto, el 13 de enero de 1938, con destino a Puerto Rico. Bosch se va con la esposa embarazada y apenas un puñado de dólares en los bolsillos porque siente que se le hace insoportable el cerco que le tiende Trujillo para que acepte una diputación, mecanismo que el dictador utilizaba para comprometer con su régimen a los jóvenes que empezaban a descollar como intelectuales. El otro hecho se trata de una acción directa: su participación en la organización de la expedición de Cayo Confites, en 1947.

La política es una actividad muy absorbente, se diría que es una actividad “monogámica”. Y nadie más indicado que Juan Bosch para saberlo. Por eso a la pregunta que le hizo Luis Eduardo Lora en la mencionada entrevista respecto a si en su caso el político había desplazado definitivamente al escritor de ficción, Bosch responde:

Realmente, yo no puedo dedicarme a la literatura, porque tengo todo mi tiempo dedicado a la política.
La política significa muchas cosas: hay que estudiar los problemas sociales, hay que estudiar los problemas económicos, hay que estudiar los problemas políticos propiamente dichos. Además, la política es una actividad constante, diaria, permanente (ver ob. cit.).

Y en su caso, tratándose de una persona que se entregaba en cuerpo y alma a lo que asumía, cómo no hacerlo con más ardor a la que consideraba una vocación con la que se estaba llamado a resolver los problemas que había denunciado a través de su literatura.

Por eso cuando regresa al país, el 20 de octubre de 1961, después de un exilio de casi 24 años, ya viene con el traje de político a tiempo completo. Vive de la literatura que había escrito hasta ese momento, con la recopilación de los cuentos que había publicado en revistas que le pagaban por ello. Los reunió en tres volúmenes, titulados Cuentos escritos antes del exilio, Cuentos escritos en el exilio y Más cuentos escritos en el exilio, pero ya no produce obras literarias. De hecho su último cuento es “La mancha indeleble”, escrito en 1960, específicamente el 31 de diciembre de ese mes o el día siguiente, que era el 1 de enero de 1961.

Pese al largo tiempo de ausencia, Bosch era consciente de la situación económica y social del país que lo recibía, así como de la idiosincrasia de los dominicanos, lo que puede apreciarse en el tipo de campaña electoral que hizo, lo que dijo en ella y en las acciones que impulsó desde el gobierno sietemesino.

Por ejemplo, en el discurso de proclamación de su candidatura presidencial, 27 de octubre de 1962, Bosch se refirió a un tema del que se habló mucho en días pasados, la declaración jurada de bienes de los funcionarios, y lo hizo en los términos siguientes:

“Y que se prepare desde ahora toda mi familia a rendir, si es que el PRD gana las elecciones, a rendir cuenta pública de lo que tienen, como lo haré yo, para que cuando el pueblo lleve otro al poder, se sepa cuánto adquirimos entre todos mientras nosotros gobernábamos, porque ha llegado ya la hora de que los hombres públicos y sus familias rindan cuenta, al día y al centavo, de cada peso que tienen, de cada peso que reciben y de cada peso que gastan” (Obras completas, Tomo XIX, p 61).

Pero no se quedó ahí, fue más lejos cuando más adelante dijo:

Esta no va a ser sólo una campaña del pueblo por su mejor acción económica y social, esta campaña será también la “campaña de la moralidad pública”, porque aquí hace muchos años que se viene creyendo que se puede usar el poder para beneficio propio o de familiares y eso tiene que acabarse definitivamente en la República Dominicana, porque ninguna democracia puede sostenerse sin valor y sin virtud. Valor para decir lo que se piensa cuando haya que decirlo; virtud para mantener una vida pública a los ojos del pueblo. Esas son las dos condiciones básicas de la democracia…

Solo alguien que se resista a convivir con el estado de cosas imperantes en su entorno puede expresarse en esos términos, puede plantarle cara, como lo hace Juan Bosch. Es difícil, imposible diríamos, intentar cambiar lo que en la sociedad se acepta como algo natural, si no se dispone de un espíritu de rebelde.

Hay dos grandes momentos en los que la naturaleza rebelde de don Juan se pondrá de manifiesto. Nos referimos al golpe de Estado y a su decisión de renunciar del Partido Revolucionario Dominicano para fundar el de la Liberación Dominicana.

Como todos sabemos Juan Bosch ganó las elecciones del 20 de diciembre de 1962, se juramentó el 27 de febrero de 1963 y empezó a gobernar con una visión desarrollista. En abril de ese año proclamó la que fue considerada la Constitución más avanzada del país, hasta la del año 2010. Desde la presidencia informaba periódicamente al pueblo sobre las acciones que impulsaba su gobierno y de los inconvenientes que encontraba. Fueron muchas las cosas que pasaron en esos siete meses de gobierno, y no es nuestra intención referirnos a todas; solo lo haremos con una, porque consideramos nos presenta un buen retrato de quién era Juan Bosch.

En un discurso que dijo al país el 18 de julio de ese año 1963, Bosch, presidente de la República, contó algo que le había sucedido en la Base Aérea de San Isidro el 13 de ese mes. Conforme el relato de lo acontecido, al llegar a la Comandancia de la Aviación Bosch se encontró con una reunión de oficiales de alta graduación. Después de saludarle uno de los oficiales le dijo: Presidente, queremos hablar con usted, porque estamos muy preocupados con las actividades de cierto sector político, queremos decirle que puede usted contar con nosotros, en cualquier medida que usted tome contra ellos”. A este planteamiento Bosch respondió con una amplia exposición que no reprodujo en su discurso del 18 de julio porque prefirió exponer una síntesis, síntesis que yo tampoco expondré ahora porque creo que con una síntesis de esa síntesis me bastará para hacerme entender. Bosch les dijo a esos oficiales que él no vino al país a perseguir a un sector, y que un gobierno democrático no puede ser democrático para una parte del pueblo y una dictadura para otra. En última instancia, cuenta Bosch que les dijo a esos militares, si las Fuerzas Armadas persisten en esto búsquense otro que gobierne porque yo no estoy dispuesto a encabezar una dictadura total o parcial en la República Dominicana.

Ya estaba en pie la intención del golpe de Estado, como lo descubrió días después el propio presidente con una investigación que hizo, pero esa historia no viene al caso ahora, porque lo que interesa destacar es el espíritu de rebeldía de Bosch, lo que queda claro sobre todo cuando le dice al grupo:

…el oficial que habló primero había dicho que me respaldarían si hacía tal cosa, lo cual quería decir que me estaban señalando una línea, y a mí como Presidente Constitucional de la República no se me pueden señalar líneas políticas. Ustedes, les dije, han dejado de ser en este momento militares apolíticos, y se han convertido en políticos. No puede haber democracia con militares políticos, con militares que deliberen. Los militares, de acuerdo con la Constitución, tienen una función muy concreta. No pueden opinar políticamente. No pueden establecer pautas políticas a nadie (ob. cit. p 455).

El otro hecho que queremos destacar es el propio golpe de Estado dado a su gobierno. Todo el mundo sabe aquí que en nuestros países no se da un golpe de Estado si sus promotores no cuentan con el visto bueno del gobierno de Estados Unidos. Entonces, ¿hay que ser un genio para saber que si Bosch se hubiera plegado a los dictámenes del gobierno norteamericano de entonces hubiera terminado su gobierno sin problema y sabrá Dios cuántas veces hubiera gobernado? Eso que lo sabe cada uno de nosotros, ¿no lo sabía don Juan? ¡Claro que lo sabía!

Pero Juan Bosch era demasiado Juan Bosch para gobernar nuestro país en esas condiciones. Desde su punto de vista, ser derrocado por un golpe de Estado era más honorable que terminar el período de gobierno en calidad de títere de una potencia extranjera, del mismo modo que es mil veces preferible morir en combate que resignarse a una paz deshonrosa. Todos conocemos la historia de ese efímero gobierno y de cómo terminó.

El último aspecto que nos hemos propuesto mencionar de la vida de Juan Bosch en que en nuestra opinión se pone de manifiesto su carácter rebelde es su renuncia del Partido Revolucionario Dominicano y su decisión de fundar el Partido de la Liberación Dominicana, en 1973.

Exactamente Bosch renuncia del Partido Revolucionario Dominicano el 18 de noviembre del mencionado año. Y la constitución, por lo menos formal, como explicó luego, del Partido de la Liberación Dominicana se realizó el 15 de diciembre de ese año.

Llamo la atención en la fecha porque si en el día de hoy conmemoramos el natalicio de don Juan, quien vio la luz por vez primera un día como hoy de 1909, entonces al momento de su renuncia del PRD tenía vividos 64 años y unos cuatro meses. En esa edad las personas normalmente ya están pensando en su retiro; no así Juan Bosch, quien estaba abandonando un partido, el más grande del país, porque en su opinión ya había cumplido su misión histórica, para fundar otro de carácter revolucionario. Y esto último también hay que destacarlo porque la tendencia es que los hombres y las mujeres se hacen conservadores a medida que envejecen. Juan Bosch, en cambio, se hacía más revolucionario.

Después de fundar el PLD la vida le alcanzaría para darle 28 años de militancia activa, pues debemos recordar que el 19 de junio de 1994 renunció a sus funciones ejecutivas en la organización. Durante esos 28 años produjo su obra política, tanto intelectual como organizativa, más importante. Y se hizo acreedor del mérito de ser el único líder latinoamericano en fundar dos partidos políticos que a su tiempo se convirtieron en mayoritarios y llegaron luego al gobierno.

Alejado de responsabilidades ejecutivas en su partido, pasó los últimos 16 años de vida recibiendo reconocimientos de instituciones nacionales y extranjeras, así como de gobiernos por las realizaciones que había hecho; pero sobre todo, siendo un símbolo de moralidad.
El 1 de noviembre de 2001 se produjo su desaparición física. Ese día pasó, con derecho propio, a morar junto a los próceres que ha producido nuestro país a lo largo de su historia republicana. Ahí está y en el corazón de cada buen dominicano que aspira ver a su país como siempre lo quiso ver este rebelde indomable: soberano y feliz.

Autor

Daniel Cruz

Dirigente del PLD, Jefe de Redacción de Vanguardia del Pueblo (formato impreso).

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