SIN INJERENCIA Y SIN GENDARME

Daniel Cruz

Si asumimos la idea de que América del Sur es un triángulo obtuso (con más de 90 grados y menos de 180) apoyado sobre la punta del lado más largo, entonces junto al ángulo que quedaría en la parte superior hallamos a Venezuela. Allá arriba, en esa esquinita, está desplegada la República Bolivariana de Venezuela, en una extensión de 916 445 km², donde viven sus ilusiones y desilusiones, se enamoran y divorcian, discuten y se abrazan 30 000 000 de personas. Los números fríos dicen que República Dominicana cabe 18.8 veces en Venezuela, país que apenas tiene casi tres veces nuestra población.

El hermano país vive momentos difíciles, como los que ha vivido en su larga historia. No es nuestra intención hablar de su historia ni profundizar en sus problemas actuales, los que de entrada admitimos no conocemos del todo porque no me como el cuento de la gran crisis que alegan los adversarios de quienes gobiernan allí ni el de la supuesta bonanza que han logrado estos últimos. Venezuela es objeto de una guerra mediática, y como se sabe desde hace muchos años, en toda guerra la primera víctima es la verdad. En correspondencia con esto último, cada quien dice lo que más le conviene, y a los demás nos corresponde tomar las cosas con pinzas, y si además podemos usar guantes, mucho mejor.

Los dominicanos saben muy bien de qué hablamos. En nuestro país hubo gente que murió creyendo que aquí durante la Revolución de Abril de 1965 el río Ozama estuvo en algún momento lleno de cuerpos de sacerdotes y monjas asesinados, estas últimas después de ser violadas, por los comunistas constitucionalistas. La revolución terminó y nadie pudo presentar a alguien con luto, a un doliente de una de esas supuestas víctimas. Simplemente eran mentiras, del mismo modo que era mentira lo de la supuesta arma nuclear de Sadam, que se alegó para bombardear e invadir a Iraq.

El caso de Venezuela ha llamado mi atención por varios motivos, de los cuales me referiré a uno: la intervención grosera de Estados Unidos. He visto en el día de hoy el acto más reciente de injerencia norteamericana en la patria de Bolívar. Me refiero al anuncio de sanciones contra 13 funcionarios venezolanos y la amenaza de que quien se sume a la Constituyente quedará “expuesto a potenciales penalizaciones”.

Admito que desde el primer día tengo ciertas reservas con Maduro como las tuve con Chávez, en esencia por el populismo con que me parece gobernó el segundo y ha gobernado el primero. Siempre consideramos que los beneficios que les dejaba el movimiento a la alza del precio del petróleo y del oro de que disfrutó Chávez mientras ejerció el poder debía invertirse en industrializar su país, en diversificar su economía. Era nuestro criterio, sin dejar de reconocer la necesidad de que la mano solidaria del Estado llegara a los olvidados, los jodidos de siempre, como ha hecho el chavismo.

Esa diferencia, sin embargo, no nos debe impedir ver que en la situación creada en el hermano país hay mucho de artificial, mucho de planificado, al estilo de la ITT y demás empresarios, de la mano de Estados Unidos y la CIA, en el Chile de Allende de 1970 al 1973 y la Nicaragua de los sandinistas en los años 80.

Los venezolanos deben resolver ellos sus problemas sin injerencia de nadie, y de manera especial de Estados Unidos, que sigue considerándose, sin que nadie lo haya nombrado, el gendarme del mundo.

Autor

Daniel Cruz

Dirigente del PLD, Jefe de Redacción de Vanguardia del Pueblo (formato impreso).

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